La reciente reconfiguración del sector tecnológico en Euskadi ha captado la atención de analistas y expertos del ámbito empresarial. La Fundación alavesa Vital está considerando unirse al consorcio vasco que busca adquirir la división tecnológica de Ayesa, tras la decisión de Kutxa Fundazioa de no participar en esta operación estratégica. Este movimiento se produce en un contexto donde las decisiones de inversión y participación en consorcios son cada vez más críticas para el desarrollo económico de la región.
**El Consorcio Vasco y la División Tecnológica de Ayesa**
El consorcio que ha ganado la puja para hacerse con la parte tecnológica de Ayesa está compuesto por el Gobierno Vasco, Fundación BBK, el fondo Indar, creado por Kutxabank, y la empresa Teknei como socio industrial. Esta alianza ha sido diseñada para asegurar una inversión total de 450 millones de euros, de los cuales 277 millones se destinarían a capital y 173 millones a la asunción de deuda de la empresa. La Fundación BBK y Kutxabank aportarán 100 millones cada una, mientras que el Gobierno Vasco contribuirá con los 77 millones restantes. Sin embargo, el ejecutivo busca la entrada de nuevos socios para reducir su participación en el consorcio.
La exclusividad en la negociación se extiende hasta el 31 de diciembre, lo que añade una presión temporal a las decisiones que deben tomarse. La operación no solo implica la compra de Ayesa IT, la división tecnológica de Ayesa, sino que también incluye a la antigua Ibermática, una empresa vasca con una larga trayectoria en el sector, fundada en 1973 y adquirida por Ayesa en 2022. Esta adquisición es vista como un paso crucial para fortalecer la presencia de la tecnología en Euskadi, un sector que ha mostrado un crecimiento significativo en los últimos años.
**La Decisión de Kutxa Fundazioa y su Impacto**
La decisión de Kutxa Fundazioa de no unirse al consorcio ha sido objeto de análisis y debate. Según fuentes cercanas, la votación en el patronato se resolvió por un único voto de diferencia, donde nueve miembros votaron en contra de la participación, mientras que seis lo hicieron a favor. Las razones detrás de esta decisión se basan en un informe técnico que desaconsejaba la participación de Kutxa en la operación, citando riesgos financieros significativos y la falta de garantías sobre la permanencia de la sede de Ayesa en Gipuzkoa.
Elkarrekin Podemos, uno de los grupos que votó en contra, argumentó que la operación representaba un riesgo innecesario y que no había garantías de que la sede de Ayesa se mantuviera en la región. Este tipo de análisis es fundamental en un entorno donde las decisiones de inversión deben ser respaldadas por datos sólidos y proyecciones realistas. La situación de Kutxa Fundazioa pone de relieve la importancia de la evaluación técnica y financiera en las decisiones de consorcios y adquisiciones, especialmente en un sector tan dinámico como el tecnológico.
La entrada de la Fundación Vital en el consorcio podría cambiar el panorama. Esta fundación ha mostrado interés en participar, siguiendo un modelo de colaboración similar al que utilizó en la reciente compra del 29,7% de Talgo. Sin embargo, la diferencia clave radica en la ubicación de las operaciones: mientras que Talgo tiene su sede principal en Álava, Ayesa cuenta con una presencia mucho más reducida en la región, con solo 170 de sus 2,000 empleados en Euskadi. Esta diferencia territorial podría influir en la decisión de la Fundación Vital, que deberá sopesar los beneficios de la inversión frente a la vinculación local.
La reconfiguración del sector tecnológico en Euskadi, impulsada por la compra de Ayesa, no solo tiene implicaciones económicas, sino que también plantea preguntas sobre el futuro de la sede de la empresa. Una vez que se cierre la operación, se deberá decidir si la sede se ubicará en San Sebastián o en Zamudio, lo que podría tener un impacto significativo en la comunidad local y en la economía regional.
El grupo Ayesa, que prevé alcanzar ventas de aproximadamente 900 millones de euros en 2025, está siendo vendido por su principal accionista, el fondo A&M Capital Europe, que posee el 67% del capital. La familia Manzanares mantiene el 33% restante y ha expresado su interés en continuar en el accionariado. Este proceso de venta, que está siendo coordinado por varias firmas de asesoría financiera, ha llevado a una división funcional de la compañía, donde la división tecnológica ha sido adquirida por el consorcio vasco y la división de ingeniería está siendo comprada por el grupo canadiense Colliers.
Las ofertas conjuntas para ambas divisiones rondan los 1,000 millones de euros, lo que subraya la importancia y el valor que se le atribuye al sector tecnológico en Euskadi. La evolución de esta situación será observada de cerca por inversores y analistas, ya que podría sentar un precedente para futuras operaciones en el sector.
En un contexto más amplio, la dinámica de las fusiones y adquisiciones en el sector tecnológico refleja tendencias globales donde las empresas buscan consolidarse para enfrentar desafíos competitivos. La capacidad de las empresas para adaptarse a un entorno cambiante y para realizar inversiones estratégicas será crucial para su éxito a largo plazo. La situación de Ayesa y el consorcio vasco es un ejemplo de cómo las decisiones estratégicas pueden influir en el futuro de una región y en la competitividad de su sector tecnológico.
