En un giro inesperado de los acontecimientos, la Guardia Civil ha llevado a cabo un rescate judicial de cinco monjas mayores de Belorado, en un proceso que ha estado marcado por la tensión y la controversia. Este operativo se produjo tras la orden de un juzgado de Bilbao, que buscaba garantizar la seguridad y el bienestar de las religiosas, quienes se encontraban bajo el control de un grupo cismático. La situación ha puesto de relieve no solo la fragilidad de la comunidad religiosa, sino también las complejidades legales y morales que rodean a este caso.
Las cinco monjas, con edades que oscilan entre los 87 y 102 años, habían sido trasladadas sin autorización al monasterio de Orduña, donde se encontraban bajo la custodia de exmonjas que habían sido excomulgadas. Este traslado se realizó en un contexto de desahucio inminente en Belorado, lo que llevó a las exmonjas a utilizar a las hermanas mayores como un escudo para frenar su salida del monasterio. Sin embargo, la intervención judicial buscaba proteger a estas religiosas mayores, quienes presentaban importantes limitaciones físicas y cognitivas.
El operativo de rescate se llevó a cabo el 19 de diciembre de 2025, después de dos intentos fallidos previos. En esta ocasión, la Guardia Civil logró acceder al convento sin enfrentar la fuerte oposición que había caracterizado los intentos anteriores. La intervención se realizó con el objetivo de evaluar la salud de las monjas y garantizar su traslado a monasterios donde pudieran recibir la atención adecuada. Tras una evaluación médica en el hospital de Basurto, se determinó que dos de las religiosas serían trasladadas a otros monasterios, mientras que las otras tres quedaron ingresadas debido a su delicado estado de salud.
La situación ha generado un intenso debate sobre la naturaleza del cisma que afecta a esta comunidad religiosa. Las exmonjas han sostenido que todas forman parte de una única comunidad, a pesar de haber sido excomulgadas. Sin embargo, la realidad es que la comunidad legítima de clarisas de Belorado nunca rompió su vínculo con el Papa, lo que ha llevado a un conflicto interno que ha dividido a las religiosas. La intervención judicial ha puesto de manifiesto la fragilidad de esta comunidad, que ha visto cómo su número se ha reducido drásticamente desde el inicio del cisma.
### La Resistencia de las Exmonjas
A pesar de la intervención judicial, las exmonjas han continuado comunicándose con el exterior, utilizando las redes sociales para difundir su versión de los hechos. En videos grabados desde el interior del convento, han denunciado lo que consideran un secuestro y han cuestionado la legalidad de la intervención. Una de las exmonjas, conocida como sor Paloma, ha expresado su indignación al afirmar que las religiosas mayores estaban siendo tratadas de manera inhumana, siendo trasladadas sin medicación ni atención adecuada.
Sin embargo, fuentes policiales han desmentido estas acusaciones, asegurando que el traslado se realizó con el máximo respeto y cuidado hacia las monjas. La tensión entre las exmonjas y las autoridades ha sido palpable, con acusaciones de abuso de poder y falta de respeto hacia los derechos de las religiosas. Este conflicto ha puesto de relieve no solo las diferencias doctrinales, sino también la lucha por el control y la legitimidad dentro de la comunidad religiosa.
La exabadesa Laura García de Viedma ha sido una de las voces más críticas, acusando a la juez que supervisó la intervención de tener una agenda personal en contra de su comunidad. A pesar de sus afirmaciones, la realidad es que la intervención judicial se basó en evidencias de condiciones inadecuadas en el convento, incluyendo la falta de atención adecuada para las monjas mayores. La situación ha llevado a un clima de desesperación entre las exmonjas, quienes ven cómo su comunidad se desmorona ante la presión judicial y la falta de apoyo externo.
### Implicaciones Legales y Espirituales
El rescate de las monjas de Belorado no solo tiene implicaciones legales, sino también espirituales. La intervención judicial ha puesto en evidencia la fragilidad de la comunidad cismática, que ha visto cómo su número se ha reducido drásticamente en los últimos meses. A medida que las exmonjas enfrentan la posibilidad de perder el control sobre los monasterios que han habitado, se ven obligadas a replantear su futuro y su identidad como comunidad.
La situación también plantea preguntas sobre la naturaleza del cisma y la legitimidad de las acciones de las exmonjas. A pesar de sus afirmaciones de que todas las religiosas apoyaron el cisma, la falta de documentación que respalde esta afirmación ha llevado a cuestionar la validez de su posición. La intervención judicial ha puesto de manifiesto que, a pesar de sus esfuerzos por mantener el control, la comunidad cismática se encuentra en una posición vulnerable y debilitada.
A medida que las exmonjas continúan luchando por su identidad y su lugar dentro de la comunidad religiosa, el futuro de las monjas mayores de Belorado se encuentra en un limbo incierto. La intervención judicial ha sido un golpe duro para su causa, y la posibilidad de un desahucio inminente plantea serias dudas sobre su capacidad para mantener su comunidad y su legado espiritual. En este contexto, las exmonjas se ven obligadas a confrontar no solo las realidades legales de su situación, sino también las profundas implicaciones espirituales que su conflicto con la autoridad religiosa ha generado.
