La situación sanitaria en Portugal ha alcanzado niveles alarmantes debido a la epidemia de gripe, que ha puesto a prueba la capacidad del sistema de salud del país. En un trágico suceso, tres ancianos perdieron la vida en menos de 48 horas mientras esperaban asistencia médica, lo que ha generado un clamor por parte de la ciudadanía y críticas hacia el gobierno por la falta de recursos y la ineficiencia del sistema de emergencias. La ministra de Sanidad, Ana Paula Martins, ha admitido que el pico de la epidemia aún no se ha alcanzado, lo que sugiere que la crisis podría empeorar en los próximos días.
La situación se ha vuelto crítica en Lisboa y su área metropolitana, donde los tiempos de espera para recibir atención médica urgente han superado las diez horas, incluso en casos considerados de alta prioridad. Este colapso ha llevado a varios hospitales a activar sus planes de contingencia en el nivel máximo, lo que refleja la gravedad de la crisis. En un debate parlamentario reciente, el primer ministro, Luís Montenegro, anunció la compra de 275 ambulancias y otros vehículos para el Instituto Nacional de Emergencia Médica (INEM), con una inversión de más de 16,8 millones de euros. Sin embargo, a pesar de estas medidas, la oposición ha criticado al gobierno por su inacción y falta de preparación ante la crisis.
El primer caso de fallecimiento se registró en Sesimbra, donde una mujer de aproximadamente 70 años murió tras esperar cerca de 44 minutos por una ambulancia, que se encontraba a más de 40 kilómetros de distancia. Este tipo de situaciones se han vuelto comunes, ya que el INEM ha reconocido que no había vehículos disponibles en el terreno, lo que se debe a la retención de camillas en los hospitales por la falta de camas. En otro caso, un hombre de 78 años falleció en Seixal después de casi tres horas de espera, y un tercer caso ocurrió en Tavira, donde un hombre de 68 años sufrió una parada cardiorrespiratoria mientras aguardaba la llegada de una ambulancia.
Los trabajadores del INEM han rechazado ser considerados responsables de los fallos del sistema de salud, señalando que la retención de camillas en las urgencias hospitalarias es un problema estructural que ha debilitado la capacidad de respuesta del sistema de emergencias. En un comunicado, la comisión de trabajadores del INEM calificó la muerte del hombre que esperó casi tres horas como un hecho grave y subrayó que la situación no es nueva, sino que ha sido un problema persistente que ha ido empeorando con el tiempo.
La crisis no solo se limita a la falta de ambulancias. Durante el pasado fin de semana, varios hospitales portugueses, especialmente el Hospital Amadora-Sintra, experimentaron una saturación extrema, con algunos pacientes esperando hasta treinta horas para ser atendidos. Esta situación llevó a la dimisión del jefe y del subjefe del servicio de urgencias, lo que refleja la desesperación y la frustración del personal médico ante la falta de recursos y el aumento de la carga de trabajo.
El Sindicato de Médicos de la Zona Sur ha denunciado que los problemas en el Hospital Amadora-Sintra son el resultado de una “degradación progresiva e intencional de la sanidad pública”, provocada por la inacción del gobierno. Según el sindicato, esta situación crea las condiciones necesarias para justificar la transferencia de cuidados al sector privado, lo que podría tener graves consecuencias para la atención médica pública en el país.
Además, desde hace una semana, se ha implementado un nuevo sistema de triaje en la línea telefónica SNS24, que es obligatoria antes de acceder a los servicios de urgencias hospitalarias. Este sistema ha sido criticado por la Liga de Bomberos, quienes argumentan que la nueva clasificación de prioridades obliga a los pacientes a esperar más tiempo, incluso cuando hay ambulancias disponibles. Un estudio reciente ha revelado que la falta de respuesta provoca la pérdida de cerca de 300.000 llamadas al mes, y el tiempo medio de espera para ser atendido por un operador ronda los cuarenta minutos.
En Portugal, el acceso a las urgencias hospitalarias requiere una llamada previa a la línea SNS24, que evalúa la situación del paciente y decide si se envía una ambulancia o a qué hospital debe dirigirse. En algunos casos, se ha informado que personas que acudieron directamente a urgencias fueron obligadas a llamar desde la puerta del hospital para poder ser atendidas. Esta situación ha generado un descontento generalizado entre la población, que siente que su acceso a la atención médica se ha vuelto más complicado y menos eficiente.
La falta de médicos y enfermeros también ha contribuido a la crisis, obligando a cerrar las urgencias de pediatría y ginecología durante los fines de semana y las noches. Los hospitales han denunciado que la saturación también se debe al denominado internamiento social, donde pacientes de edad avanzada que ya han recibido el alta médica no pueden ser dados de alta efectiva debido a la falta de familiares o plazas en residencias. Esto bloquea camas hospitalarias y agrava aún más la presión sobre los servicios de urgencias.
La situación actual en Portugal es un reflejo de los problemas estructurales que enfrenta el sistema de salud, que se han visto exacerbados por la epidemia de gripe. La falta de recursos, la ineficiencia en la gestión de emergencias y la saturación de los hospitales han llevado a una crisis que ha cobrado vidas y ha puesto en riesgo la salud de muchos ciudadanos. La respuesta del gobierno y las medidas que se implementen en los próximos días serán cruciales para abordar esta crisis y restaurar la confianza en el sistema de salud pública del país.
