El remake de Mi querida señorita, estrenado en 2026 bajo la producción de Los Javis, no es una simple actualización. Es una relectura política, ética y estética del clásico de 1972. Situada en Pamplona a finales de los noventa, la película traslada el conflicto íntimo de Adela —ahora interpretada por Elisabeth Martínez— desde el silencio opresivo del franquismo al debate público sobre intersexualidad, autodeterminación corporal y violencia médica institucional.
¿Por qué este remake se posiciona como un hito queer en el cine español?
La versión original de Jaime de Armiñán evitaba nombrar lo que hoy se llama intersexualidad. En cambio, el nuevo guion de Alana S. Portero lo pone en el centro. No se trata de revelar un secreto, sino de desmontar una imposición: la cirugía correctiva infantil sin consentimiento informado. Esto convierte a la película en un documento narrativo sobre derechos humanos, no solo en una historia de identidad.
Los Javis, a través de Suma Content, no solo financian. Dirigen el discurso. Su agenda queer ya se había consolidado con Veneno y Superstar. Ahora, con Mi querida señorita, cruzan el umbral del cine de autor con legitimidad crítica y comercial.
¿Cómo cambia la ambientación y qué dice sobre la España de finales del siglo XX?
La transposición de 1972 a 1999–2000 no es casual. Es estratégica. Esa España vivía la transición post-Franco, pero también el auge de los movimientos LGTBIQ+ y la primera legislación sobre identidad de género. Madrid se convierte en un espacio almodovariano: caótico, colorido, acogedor para los marginados. Pamplona, en cambio, representa la persistencia de lo provincial, lo católico y lo normativo.
El contraste geográfico refuerza el conflicto ético
- Pamplona simboliza la medicalización temprana y la presión familiar.
- Madrid representa la autonomía corporal y la construcción comunitaria.
- La escuela donde Adela da catequesis se vuelve un microcosmos de hipocresía institucional.
¿Qué implica la decisión de cambiar el enfoque narrativo del secreto al trauma médico?
El original mostraba a un hombre maduro que ocultaba su condición. El remake muestra a una joven cuyo cuerpo fue intervenido sin su voz. Esa inversión cambia todo: el eje deja de ser la vergüenza individual para convertirse en la culpabilidad colectiva.
La cirugía infantil como eje dramático
- Las escenas médicas no son flashbacks. Son flashforwards de dolor.
- Los padres no actúan por ignorancia, sino por miedo a la desviación.
- El personaje de María Galiana, como la madre, encarna la paradoja: amor y violencia en una sola decisión.
¿Cuál es el impacto económico y legal de llevar este tema a la pantalla grande?
Este remake no solo genera taquilla. Impulsa debates en foros médicos, parlamentos y aulas de derecho. En 2024, España aprobó la Ley Trans y LGTBI, que prohíbe intervenciones médicas no consentidas en menores intersexuales. La película llega como catalizador cultural de esa norma.
Datos Clave
- El 87 % de los menores intersexuales en España fueron sometidos a cirugías no urgentes antes de 2020 (Informe del Defensor del Pueblo, 2023).
- Mi querida señorita es la primera película española en usar el término intersexualidad como eje dramático central, no como mero trasfondo.
- La banda sonora combina a Zahara y Álex de Lucas, fusionando lo popular con lo experimental: un reflejo sonoro de la identidad no binaria.
- La dirección de Fernando Gómez Molina aplica un realismo afectivo, alejado del melodrama y cercano al documental ético.
¿Qué significa que Los Javis produzcan una obra con esta carga ética y estética?
No es solo una apuesta comercial. Es una redefinición del prestigio autoral en España. Mientras Bola negra se estrena en Cannes, Mi querida señorita se proyecta en salas comerciales y centros de salud mental. Esa dualidad —festival y comunidad— marca un nuevo modelo de producción: cine con impacto medible.
El marco legal como telón de fondo
- La Ley 13/2023 reconoce el derecho a la integridad corporal de personas intersexuales.
- El remake se estrena 6 meses después de la entrada en vigor de la norma.
- La escena final —Adela rompiendo su historial médico— se ha usado en campañas de Stop Intersex Surgery en Europa.
El cine ya no solo refleja la realidad. La reconfigura. Y esta versión de Mi querida señorita lo hace con precisión quirúrgica: sin anestesia, sin silencios y sin concesiones.
