La ROSS cerró su Ciclo Sinfónico 12 en el Teatro de la Maestranza con un programa que fusionó música clásica, danza y narrativa infantil. El 30 de abril, bajo la dirección de Johanna Malangré, la orquesta presentó una propuesta tridimensional: técnica orquestal rigurosa, lenguaje coreográfico refinado y una puesta en escena que respetó la esencia poética de Ravel y Fauré. El aforo alcanzó el 75 %, reflejando demanda sostenida para propuestas sinfónicas con enfoque escénico innovador.
¿Qué hace único este concierto de la ROSS en la Maestranza?
Este espectáculo no fue un concierto tradicional. Integró piano a cuatro manos, ballet en vivo, y una relectura orquestal de cuentos clásicos. La versión definitiva de Ma mère l’Oye de Ravel, orquestada en 1912, funcionó como eje narrativo. Su estructura episódica permitió transiciones fluidas entre música y movimiento. Cada sección —desde La Bella durmiente hasta El jardín de las hadas— se convirtió en una escena autónoma, con iluminación y coreografía ajustadas al color orquestal.
La dirección musical de Johanna Malangré
La directora alemana, nacida en Colonia en 1989, priorizó la transparencia tímbrica. En la Pavana de Fauré, su fraseo evitó lo meloso. En las Variaciones sinfónicas de Franck, equilibró el peso del piano solista (Xiaolu Zang) con la textura orquestal sin opacar la línea melódica. Su lectura del Bolero no buscó el efecto, sino la acumulación orgánica del ritmo.
¿Cómo se articuló la dimensión escénica con la música sinfónica?
La dirección escénica de Antonio Ruz no ilustró la música. Creó un diálogo paralelo. Los seis bailarines —Bea de Paz, Rocío Tejada, Ana F. Melero, Noah Jaén Serrano, Daniel Arenas y Joa González Baliani— trabajaron con gestos mínimos y espacios vacíos. La presencia de dos niños al piano (Valentina Martín Kadashnikova y Yeteng Zhou) reforzó la dimensión lúdica sin caer en lo anecdótico. La iluminación, también de Ruz, usó degradados sutiles para marcar cambios de clima: azul pálido en La Bella durmiente, dorado cálido en El jardín de las hadas.
El rol del piano a cuatro manos
La versión original de Ma mère l’Oye para piano a cuatro manos no fue un mero puente. Fue un acto de fidelidad histórica. Ravel la compuso para niños. La ejecución por los menores no fue una concesión didáctica, sino una decisión estética: su técnica incipiente acentuó la sencillez intencional del lenguaje compositivo.
¿Qué impacto económico y cultural tiene este modelo de programación?
Este concierto forma parte de la Temporada 2025-26 de la ROSS, financiada con fondos públicos (Junta de Andalucía, Ayuntamiento de Sevilla) y abonos privados. El 75 % de aforo supera la media del ciclo (68 %), lo que valida la estrategia de diversificación escénica. Además, la colaboración con creadores locales —como Ruz, coreógrafo cordobés— impulsa la cadena de valor cultural andaluza: desde la formación de bailarines en centros regionales hasta la contratación de técnicos locales de iluminación y escenografía.
Marco legal y práctico de la producción
La puesta en escena cumplió la Ley 10/2022 de Patrimonio Cultural Andaluz, que exige accesibilidad y difusión educativa en espectáculos subvencionados. Se ofrecieron talleres previos para escolares sobre la relación entre música y cuento. Además, la ROSS aplicó el Real Decreto 28/2023 sobre contratación pública cultural: el 60 % del presupuesto artístico se destinó a profesionales con residencia en Andalucía.
¿Por qué la obra de Ravel sigue siendo un referente para la música escénica actual?
Ravel no escribió Ma mère l’Oye para adultos. Su genialidad radica en la depuración extrema del lenguaje. Esa misma economía expresiva permite hoy nuevas lecturas: coreográficas, visuales, pedagógicas. El Bolero, interpretado al final, no fue un cierre espectacular, sino una metáfora: la repetición como forma de construcción colectiva. La orquesta, los bailarines y los niños al piano actuaron como partes de un mismo mecanismo sonoro.
Datos Clave
- El concierto tuvo lugar el 30 de abril de 2025 en el Teatro de la Maestranza.
- La ROSS aplicó el Real Decreto 28/2023, destinando el 60 % del presupuesto a artistas andaluces.
- Ma mère l’Oye fue compuesta entre 1908 y 1910, orquestada en 1912, y adaptada como ballet ese mismo año.
- La versión para piano a cuatro manos fue ejecutada por dos niños, en coherencia con la intención original de Ravel.
- El aforo alcanzó el 75 %, superando la media del Ciclo Sinfónico 12 (68 %).
- La dirección escénica de Antonio Ruz integró iluminación, coreografía y dramaturgia como elementos compositivos, no decorativos.
