Casi todo bien (2026) es una comedia dramática española que explora con ironía y ternura la precariedad creativa en la era digital. La película sigue a Hilario, un joven novelista estancado, que trabaja en una librería de barrio mientras intenta terminar su novela tras nueve años de bloqueo. Su mundo cambia con la llegada de una profesora de baile que despierta su inspiración y cuestiona sus certezas literarias y existenciales.
¿Qué representa Casi todo bien en el panorama cinematográfico español actual?
La película llega en plena efervescencia del Día del Libro, aprovechando el interés cultural para abordar temas poco visibilizados: la crisis del autor independiente, la desvalorización del oficio editorial y la resistencia frente a los formatos comerciales. No es una crítica moralista, sino una observación empática de cómo los creadores se reconfiguran en un entorno de algoritmos, booktubers y best-sellers efímeros.
El retrato de una generación en transición
Hilario no es un fracasado: es un letraherido. Término que evoca a los hombres de letras del siglo XIX, pero actualizado a la economía colaborativa y la autoexplotación creativa. Su trabajo en la librería no es un mero empleo: es un acto de resistencia simbólica. Cada recomendación que rechaza —de self-help o novelas lowbrow— refuerza su identidad como guardián de la pureza literaria, aunque esa pureza ya no tenga mercado.
¿Cómo aborda la película la economía de la cultura escrita?
El guion de Ricardo Uhagon y Rafael López Saubidet vincula lo personal con lo estructural. Hilario participa en talleres online no por convicción, sino por necesidad. Esa paradoja define la precariedad cultural: el creador debe vender su saber sin que ese saber sea valorado como tal. Los ingresos de los escritores españoles cayeron un 18 % entre 2020 y 2024, según el Observatorio de la Cultura. La película no lo cita, pero lo muestra: en el alquiler compartido, en los cafés de barrio, en la ausencia de un contrato editorial.
La librería como espacio de resistencia y conflicto
El establecimiento donde trabaja Hilario no es un decorado nostálgico. Es un microcosmos editorial: allí coexisten ediciones de bolsillo, libros de segunda mano, fanzines y ejemplares de autores emergentes. Su función no es vender, sino curar. Esa curaduría —acto no remunerado, pero esencial— es una forma de trabajo cultural invisible, que la película pone en primer plano.
¿Qué dice la ley sobre los derechos de los autores en contextos como el de Hilario?
La Ley de Propiedad Intelectual española protege la obra, pero no garantiza su difusión ni su remuneración. El 72 % de los escritores no percibe ingresos suficientes para vivir de su actividad, según el Consejo General de Colegios Oficiales de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias. Casi todo bien no denuncia, pero sí evidencia: la falta de mecanismos de acceso equitativo a las editoriales tradicionales, la dependencia de los agents, y la escasa protección frente a la explotación en plataformas digitales.
El romanticismo como estrategia narrativa
La relación con Silma López no es una fórmula romántica. Es un anacronismo intencional: en una época de citas por apps, su conexión surge en un taller de baile, sin perfiles ni filtros. Esa elección formal refuerza el eje temático: la persistencia de lo humano frente a lo algorítmico. El romántico anacronismo no es ingenuidad: es una postura ética.
¿Por qué Casi todo bien trasciende la comedia romántica convencional?
La película evita los gatillazos narrativos típicos. No hay revelaciones repentinas ni finales redentores simplistas. Hilario no publica su novela al final. Pero sí recupera su voz, su ritmo y su derecho a equivocarse. Esa es su victoria: la autonomía creativa, no el éxito comercial.
Datos Clave
- Estreno en cines españoles coincidiendo con el Día del Libro 2026.
- Dirección compartida por los argentinos Andrés Salmoyraghi y Rafael López Saubidet, con experiencia en cine independiente europeo.
- Fotografía en formato scope para subrayar la dimensión épica de lo cotidiano.
- Protagonizada por Marcel Borrás, revelación del cine español post-2023.
- Música original de Ezequiel Flehner, que mezcla jazz de barrio con sonidos electrónicos minimalistas.
La tridimensionalidad de Casi todo bien radica en su capacidad para entrelazar lo personal (la lucha de Hilario), lo económico (la precariedad del sector editorial) y lo legal (la debilidad de los marcos de protección al autor). No es una película sobre el fracaso: es una crónica del esfuerzo sostenido en un sistema que premia la velocidad, no la profundidad.
