La Gran Vía de Madrid se convirtió en un escenario de reivindicación y protesta el pasado 25 de noviembre, cuando miles de mujeres se unieron para marchar en contra de la violencia de género. Este evento, que se celebra anualmente, se ha visto marcado por la indignación y el desgaste del movimiento feminista, que este año se presentó dividido en dos movilizaciones con enfoques y prioridades diferentes. La marcha, que comenzó a las 18:30, reunió a mujeres de todas las edades, desde abuelas hasta jóvenes, todas unidas por un mismo objetivo: visibilizar la violencia machista que persiste en la sociedad española.
La atmósfera en la Gran Vía era palpable, con el tráfico desviado y un murmullo creciente que anticipaba la llegada de las manifestantes. A medida que avanzaban, se podían ver pancartas, tambores y voces cansadas que clamaban por un cambio. A pesar de los años de políticas y campañas, la violencia de género sigue siendo un problema alarmante en España. En lo que va del año, se han registrado 38 asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, lo que pone de manifiesto la urgencia de abordar esta problemática de manera efectiva.
### La división del movimiento feminista
Uno de los aspectos más destacados de esta marcha fue la división del movimiento feminista, que se evidenció en la coexistencia de dos manifestaciones en Madrid. Por un lado, la marcha del Foro 25N y el Movimiento Feminista de Madrid, que se centró en la denuncia de la violencia machista y la crítica a la pasividad institucional. Por otro lado, la Comisión 8M, vinculada a Podemos y Sumar, que abogó por un enfoque interseccional, denunciando también el racismo y la violencia patriarcal.
La división en el movimiento feminista no es nueva, pero este año se hizo más evidente. Las manifestantes de la Gran Vía denunciaron el avance del “negacionismo de la ultraderecha” y la falta de acción por parte de las instituciones. Las críticas se centraron en el mal funcionamiento de las pulseras antimaltrato, que han dejado a muchos agresores en libertad, generando desconfianza entre las mujeres que deberían sentirse protegidas por estas medidas. Las asistentes alzaron la voz, afirmando que “las únicas pulseras que no fallan son las esposas”, en un claro llamado a la necesidad de medidas más efectivas para garantizar la seguridad de las mujeres.
La presencia de figuras políticas, como ministras socialistas, en la primera fila de la marcha también generó críticas. Algunas manifestantes levantaron carteles pidiendo la dimisión de la ministra de Igualdad, Ana Redondo, evidenciando la frustración con la respuesta del gobierno ante la violencia de género. La mezcla generacional en la marcha, con mujeres mayores y jóvenes, simboliza la continuidad de la lucha feminista a lo largo de los años, pero también refleja la desilusión por la falta de avances significativos.
### La lucha por la visibilidad y la acción
A lo largo de la marcha, las participantes compartieron datos alarmantes sobre la violencia de género en España. La entrega de folletos con estadísticas sobre asesinatos y agresiones sexuales se convirtió en una forma de evidenciar la gravedad de la situación. Las manifestantes exigieron una respuesta contundente por parte de las autoridades, cuestionando la eficacia de las medidas actuales y la falta de supervisión en las órdenes de alejamiento.
La crítica a la “pasividad institucional” resonó en las intervenciones y conversaciones espontáneas. Las asistentes expresaron su frustración ante la inacción de las autoridades y la necesidad de un compromiso real para abordar la violencia de género. La enfermera Marta, presente en la marcha, planteó una pregunta retórica: “¿Qué más tiene que fallar para que lo llamen negligencia?”. Esta inquietud refleja un sentimiento compartido entre muchas mujeres que sienten que sus vidas están en juego debido a la falta de protección efectiva.
La marcha también abordó temas como la educación sexual y los derechos de las niñas y adolescentes. Algunas pancartas denunciaron la falta de educación sexual en ciertos contextos, lo que contribuye a la perpetuación de la violencia. La estudiante de Derecho, Nadia, destacó la importancia de educar a las jóvenes sobre sus derechos, afirmando que “ahí también nace la violencia”.
A pesar de la división y el desgaste del movimiento, la marcha del 25N fue un recordatorio de que la lucha contra la violencia de género sigue siendo una prioridad para muchas mujeres en España. La participación de miles de personas, aunque inferior a años anteriores, demuestra que el descontento y la necesidad de cambio persisten. Las manifestantes, unidas en su diversidad, continúan exigiendo un futuro sin violencia, donde cada mujer pueda vivir sin miedo y con dignidad. La lucha feminista, aunque fracturada, sigue viva y se adapta a los nuevos desafíos que enfrenta la sociedad actual.
