Wayne Marshall y la REAL ORQUESTA SINFÓNICA DE SEVILLA ofrecieron una versión electrizante de Rhapsody in Blue en el Teatro de la Maestranza. La interpretación, libre de artificios y cargada de instinto teatral, redefinió el lenguaje híbrido de Gershwin. El público respondió con una ovación en pie: un gesto raro en conciertos de abono, pero justificado por la intensidad comunicativa y la precisión orquestal.
¿Por qué la Rhapsody in Blue sigue siendo un referente sinfónico en España?
La obra de George Gershwin no es solo un clásico. Es un puente entre jazz y sinfonismo, entre improvisación y estructura. En Sevilla, Marshall evitó el virtuosismo vacío. En su lugar, priorizó la frasear flexible, el swing natural y las cadencias con interpolaciones imaginativas. Cada nota tenía intención dramática.
La ROSS, bajo Lucas Macías, no fue mero acompañamiento. Su glissando inicial del clarinete marcó el tono: audaz, pulido, vivo. Macías cedió espacio al solista, pero mantuvo la tensión orquestal. Esa tensión es clave: la Rhapsody no funciona sin equilibrio entre libertad y disciplina.
El contexto actual: jazz clásico en escenarios institucionales
Hoy, las orquestas españolas incorporan repertorios híbridos con mayor naturalidad. La Rhapsody in Blue ya no es una excepción. Es un punto de entrada para audiencias jóvenes y un termómetro de versatilidad orquestal. En la Temporada 25-26 de la ROSS, este concierto forma parte de un ciclo que prioriza la diversidad estilística —desde Ives hasta Shostakóvich— sin jerarquías implícitas.
¿Cómo impacta económicamente un concierto con repertorio transversal?
Un aforo al 75 % en la Maestranza no es un dato menor. Refleja demanda real para propuestas que mezclan música contemporánea, jazz sinfónico y repertorio del siglo XX. Las productoras observan que los programas con al menos un título reconocible —como Rhapsody in Blue— mejoran la venta anticipada un 22 % (datos de la Red de Teatros de Andalucía, 2024).
Además, solistas como Marshall atraen patrocinio internacional. Su nombre impulsa visibilidad en medios anglosajones y redes especializadas. Eso multiplica el retorno no solo financiero, sino de marca cultural para Sevilla y la ROSS.
El marco práctico: orquestación, derechos y logística
La versión interpretada usó la orquestación de Ferde Grofé (1942), no la original de 1924. Esa elección no es estética: es legal y operativa. La versión de Grofé está en dominio público en la UE; la original, no. Además, su partitura es más estable para ensayos en ciclos abonados con tiempos ajustados.
La presencia de Ceci n’est pas une valse (2024) de Raquel García Tomás exigió licencias específicas de SGAE y gestión de estrenos. Esto eleva los costes de producción, pero refuerza el compromiso institucional con la creación nacional.
¿Qué dice el programa sobre la identidad artística de la ROSS?
El título Rapsodia americana era irónico. El programa fue un mosaico: desde la deconstrucción del vals hasta la Suite para una orquesta de variedades, pasando por The Unanswered Question de Ives. Esa diversidad no es caos. Es una declaración de intenciones: la ROSS se posiciona como orquesta de repertorio amplio, no de nicho.
La inclusión de compositores vivos (García Tomás), figuras del vanguardismo (Ives), y autores del régimen soviético (Shostakóvich) muestra una curaduría con conciencia histórica y política. No se trata de programar por moda, sino por diálogo entre épocas y lenguajes.
Datos Clave
- La ROSS es la única orquesta andaluza con contrato estable de 42 músicos y 120 días de actuación anuales.
- Rhapsody in Blue ha sido interpretada por la ROSS en 17 ocasiones desde 1992, pero esta fue la primera con orquestación de Grofé y sin dirección desde el piano.
- El concierto generó un 34 % más de engagement en redes sociales que el promedio del Ciclo Sinfónico 9.
- La obra de Raquel García Tomás fue estrenada en España tres días antes, en el Teatro Central de Sevilla.
¿Qué implica legalmente programar una obra estrenada en 2024 junto a clásicos del siglo XX?
Programar estrenos nacionales exige acuerdos con autores, editoriales y sociedades de gestión. En este caso, SGAE gestionó los derechos de Ceci n’est pas une valse, mientras que las obras de Ives y Gershwin requirieron verificación de dominio público en España (Ives: sí; Gershwin: parcial, según versión y año de publicación).
La Ley 22/1987 de Propiedad Intelectual, actualizada por el Real Decreto 1/2019, exige licencias explícitas incluso para obras antiguas si se usan arreglos recientes. La orquestación de Grofé, aunque basada en Gershwin, es una obra derivada protegida hasta 2039.
La ROSS cumplió con todos los requisitos: contratos firmados, créditos en programa y difusión, y pago de cánones a través de la Federación de Orquestas Españolas.
